2 anécdotas relacionadas con la reparación de relojes que te harán esbozar una sonrisa

espiral de relojEn los más de 35 años que llevo dedicándome a la reparación de relojes he ido acumulando un buen puñado de historietas. Hoy voy a compartir contigo dos de mis favoritas:

  1. El hombre que arrancó un ‘pelo‘ que estaba dentro de su reloj
  2. Hace algunos años era bastante raro encontrar relojes con tapa de rosca. Casi todas iban a presión. Esto hacía que fuesen mucho más fáciles de abrir y no eran pocos los usuarios que se aventuraban a hacerlo. Algunos por simple curiosidad, otros para reparar ellos mismos sus relojes averiados.

    Como ya te podrás imaginar, muchos de esos relojes quedaban peor después de la ‘reparación’.

    Recuerdo más de uno (y más de dos) que llegaban al taller de mi maestro sin espirales o con ellos destrozados. La cantinela de los dueños podía variar en tono o en extensión, pero siempre había una frase que se repetía: ‘Le quité un pelo que se coló en el reloj, que se encogía y estiraba‘.

    Algunos lo admitían avergonzados. Otros añadían al final un ‘pero debe haber algún otro problema, porque no conseguí dejarlo listo‘.

    ¿A que no adivinas qué era ese ‘pelo’?

    Tras abrir el reloj, veían con sorpresa que había ‘algo raro’ enrollado sobre el eje de volante. Un elemento ajeno al reloj, de procedencia desconocida e intenciones cuasi-demoníacas, que podría hacer que su reloj se parase (si es que no lo estaba ya).

    Para protegerlo, o para repararlo, decidían extraer ese cuerpo extraño con mucha delicadeza. Por supuesto, también hacían uso de herramientas punteras en la reparación de relojes, tales como el extremo de unas tijeras, un mondadientes usado, un cuchillo de cortar jamón o una hoz oxidada.

    Ese ‘pelo’ era el espiral y es una pieza fundamental en los relojes de cuerda. No pueden funcionar sin él.

    Para deshacer el desaguisado había dos opciones:

    • Colocar un volante completo nuevo
    • Reutilizar el volante y adaptar un espiral nuevo

    La primera alternativa era la más común. Se pedía una pieza del mismo calibre y marca al almacén de repuestos, se retiraba la vieja y se colocaba la nueva. Fácil, cómodo y rápido.

    La segunda requería de conocimientos avanzados y maquinaria específica. Sólo estaba al alcance de los verdaderos maestros. Se realizaba en ocasiones muy concretas en las que resultaba imposible conseguir un repuesto idéntico al estropeado.

    El quid de la cuestión estaba en calcular las alternancias a las que funcionaba el reloj y saber determinar el vaivén del espiral.

    La moraleja de esta historia salta a la vista y ya la habrás pillado hace rato: si no estás seguro de lo que haces, deja el trabajo a un profesional. Hay muchas posibilidades de que empeores la situación.

  3. Las hormigas que daban trabajo a los centros de reparación de relojes
  4. La segunda historia podría calificarse más como leyenda urbana que como anécdota.

    Hace años se decía que algunos relojeros metían hormigas vivas en el interior de los relojes justo después de repararlos. Seguro que te estás preguntando el por qué.

    Los defensores de esta teoría decían que era para que la máquina se parase unos días o unas pocas semanas después de la reparación.

    Vamos, que los ‘conspiranoicos‘ afirmaban que algunos relojeros trucaban los relojes para que los dueños tuviesen que volver a su taller. Una forma poco ética de asegurarse futuras reparaciones.

    Como ya habrás podido intuir, esto no eran más que habladurías y exageraciones de algunas personas.

    Aún así, este tipo de rumores solían oírse a menudo. Y casi siempre sobre los mismos talleres. Por lo que podrías hacer una interpretación racional del asunto y totalmente exenta de malicia:

    Esos relojes se paraban poco después de ser reparados porque en ese centro de reparación de relojes no hacían las cosas bien. O el personal no tenía los conocimientos suficientes, o no contaban con los medios necesarios o ponían poco empeño en su trabajo.

    Por lo que a mí respecta…

    nunca encontré ningún cadáver de hormiga en un reloj de bolsillo o pulsera.

Y tú, ¿conoces alguna historia relacionada con el mundillo de la relojería? Deja un comentario y ¡cuéntamela!

One comment

  1. UN HOMBRE LLEVO UN PENDULO PARA REPARAR , Y ASEGURABA QUE LO QUE ESTABA MAL ERA EL PENDULO QUE NO FUNCIONABA Y NO SE MOVIA,
    COSTO TRABAJO CONVENCERLE

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